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      Tour de France Auto 1956
      Una victoria de Portago, que sirvió para bautizar a una nueva saga de modelos...


      Cuando en estas tierras ibéricas tan aficionadas al deporte del pedal, se desglosan los triunfos hispanos en el Tour de Francia, se empieza siempre deshaciéndose en elogios con el campeonísimo Miguel Indurain, quien consiguió hacerse con el máximo galardón del ciclismo mundial en cinco ocasiones, cuando retrocedemos en el tiempo, recordamos a aquellos que también lo consiguieron: el carismático Perico Delgado que basaba sus gestas en aquellos explosivos y espectaculares ataques cuesta arriba apoyados únicamente en el golpe de riñón; el parco y enigmático Luis Ocaña que tuvo la desgracia de coincidir en el tiempo con el Caníbal y que sin embargo también conoció los laureles del Tour en una ocasión... y como no, mi favorito, Federico Martín Bahamontes, aquel "Águila de Toledo" que en las cuestas más duras de los Alpes y los Pirineos, dejaba atrás al pelotón de rivales para después esperarlos en la cima tomándose tranquilamente un helado antes de proseguir la etapa.

      Siempre que evocamos los triunfos españoles en el Tour de Francia nos paramos en aquel 1959, cuando el toledano fue el primer español en ganarlo... pero ¿fue el primero?. Bueno, si somos gente seria tendremos que decir que si... pero siendo un poco frívolos bien podemos sorprender a los contertulios de nuestra peña ciclista afirmando categóricamente, y también con toda la razón, que bueno, que lo que es el Tour de Francia, hubo un español que lo ganó antes...


      TOUR DE FRANCE AUTOMOBILE 1956

      Hablamos de la época de máximo esplendor de la gran combinada francesa del motor, que ponía a prueba de la manera más dura y variada a hombres y máquinas. El gran interés que despertaba entonces, no se basaba solo en la presencia de grandes nombres y marcas, sino en que los triunfadores solo podían serlo tras demostrar grandes dotes en toda una serie de eventos de características muy diversas. Se buscaba al súper deportivo del momento y al piloto más completo, capaces de rodar rápido en circuito, escalar bien en las pruebas de montaña, comportarse en aceleración pura, y cubrir largos enlaces bien a ritmo regular, bien a ritmo de rally, bien en navegación pura sin referencias según lo dispuesto por la organización para cada tramo.

      En la edición del Tour de 1956, estaban previstas distintas pruebas respondiendo a este afán de variedad, completadas por más de 5000 kilómetros de enlace que formaban parte de la competición como queda dicho. Todo ello a disputarse entre los días 17 y 23 de Septiembre. No solo la resonancia de la prueba, sino los jugosísimos premios hacían que las inscripciones fueran numerosísimas. Finalmente fueron 103 los participantes que saldrían de Niza hacia la primera prueba cronometrada del día. No se podía pedir más en cuanto a marcas: Ferrari, Mercedes, Porsche, Jaguar o Alfa Romeo estaban presentes. Al volante nombres como Stirling Moss, Maurice Trintignant, Harry Schell, Rosier, Behra, Frere, Gendebien, De Portago, etc.

      Resumen de la Carrera, jornada a jornada:

      Día 17.- Desde Niza se acude a la primera gran cita. Prueba de Montaña. Subida al Mont Ventoux. 21.6 km cronometrados. Los Mercedes 300 SL comienzan apabullando.

         

      Son cuatro los que marcan los primeros tiempos: Pollet, Mairese, Moss y Cotton. Tenemos que bajar a la quinta plaza para encontrar al primer Ferrari, el de Alfonso de Portago. Los Mercedes dominan por tanto, pero el Tour no ha hecho más que empezar. La jornada se completa con el tramo de enlace hasta Nimes. Allí son ya cuatro los equipos que, llegada la noche, han tenido que abandonar.

      Día 18.- Tramo de enlace entre Nimes y St. Gaudens sin contratiempos entre los favoritos. Se llega a la segunda prueba importante: Circuito de Comminges, carrera de velocidad corta, 5 vueltas, 55 km. Aquí el rapidísimo Stirling Moss está en su elemento y no hay quien le tosa. Pero detrás, el resto de los Mercedes no las tienen tan felices. El Ferrari de De Portago les pelea brillantemente al puesto y finalmente consigue arrebatarle a Pollet la segunda plaza. La clasificación del Tour es entonces Moss-Portago-Pollet, pero dura poco.

      Ese mismo día se disputa una segunda prueba de montaña, la subida al Peyresourde. En cuanto la carretera se empina, los Mercedes vuelven a imponer su ley y Pollet se adjudica la prueba. No obstante, el ser una carrera corta (solo 4.5 km) permite a De Portago, no sin penalidades, mantenerse entre los primeros de la clasificación que al término de esta segunda jornada vuelve a liderar Pollet. Los autos cubren el último enlace hasta Pau donde pernoctan solo 83 supervivientes.

      Día 19.- Tramo de enlace de navegación regular de más de 1000 km entre Pau y Le Mans que acoge la segunda prueba en circuito esta vez de 160 km. En ella De Portago da un auténtico recital obteniendo la victoria por delante de tres Mercedes "alas de gaviota", los de Pollet, Moss y Caze por ese orden. Los demás Ferrari corren suerte diversa pues mientras Rosier y Peron son quinto y sexto respectivamente, Trintignant y Gendebien se ven muy perjudicados por problemas mecánicos.

      Día 20.- 72 equipos supervivientes llegan a Rouen en cuyo circuito se disputa una prueba rápida de 52 kilómetros que resulta emocionantísima. En la salida las primeras posiciones las ocupan los Alfa Romeo de Schell y Frere marcados de cerca por De Portago; pero Trintignant, deseoso de recuperar el terreno perdido días atrás se muestra muy impetuoso y acosa al español hasta superarlo. En la maniobra de adelantamiento ambos autos se tocan. El Ferrari 250GT de De Portago sale a la hierba y resulta abollado, pero retorna a la pista donde la lucha es cerradísima. Trintignant parece escaparse pero aparece entonces el temible Mercedes de Pollet, siempre fuertísimo, que consigue mantenerle el rebufo. Mientras, De Portago ha iniciado una escalada y recupera terreno. En un emocionante final el español alcanza a los hombres de cabeza y superándolos in extremis, obtiene una nueva victoria que le otorga además el liderato provisional de Tour.

      Pero la jornada no ha acabado aún. La caravana parte hacia el cercano circuito de Reims donde aguarda una carrera nocturna de 100 km. Las prestaciones de la jornada diurna se repiten y nuevamente es Portago quien se impone por delante de Pollet y Trintignant. El español aparece destacado en la clasificación general.

      Día 21.- Se llega a Aix-Les-Bains donde aguarda la prueba con peor prensa del Tour. Se trata de una prueba de aceleración de 500 metros con salida parada. Es una obsoleta reminiscencia del pasado cuyo resultado no deja de tener siempre un alto porcentaje de azar; pero que sin embargo hay que cumplimentar. ¡Y como! Un infortunio nimio le complica el Tour a De Portago: arrancada la prueba, el español roza accidentalmente el contacto mientras cambia de segunda a tercera marcha y el motor se para. El auto cruza la meta solo por la inercia alcanzada hasta ese momento. El tiempo en consecuencia es desastroso. Pollet vuelve además a imponer la potencia de su Mercedes adjudicándose el envite y recuperando la primera posición en la general. El día 21 no registra más actividad en espera de la jornada más dura del Tour prevista para el día siguiente.

      Día 22.- Desde Aix-Les-Bains los 64 equipos que resisten en competición se dirigen a los Alpes. En la zona montañosa de Forez les aguardan veinte vueltas al exigente circuito de St Etienne que se anuncian como decisivas para la suerte de la clasificación final. Los pilotos llegan con el cansancio acumulado de varios días. De Portago sin embargo se declara "deseoso de contrarrestar su imperdonable error del día anterior", del que parece haber obtenido nuevos bríos.

      Y es así como al darse la salida De Portago se hace con la cabeza y marca un ritmo endiablado. Los récords de vuelta van cayendo: 2.14.8 en la tercera, 2.14.2 en la quinta, 2.14.0 en la sexta... El Ferrari aguanta bien el paso de las jornadas de esfuerzo. De hecho es el Porsche 356 de Jean Behra el único capaz de mantener relativamente este fuerte ritmo. Los Mercedes muestran signos de fatiga mecánica: Pollet y Moss apenas alcanzan a rodar en 3 y 4 segundos más lentos que el español.

      En la vuelta 18 un nuevo episodio de mala suerte está a punto de mandar al traste todo este buen hacer. Portago alcanza al Jaguar XK de Parsy que marcha con vuelta perdida. Al iniciar el doblaje, una piedra proyectada por el Jaguar pulveriza el parabrisas de la Ferrari cuando esta marcha a toda velocidad. Los fragmentos de cristal alcanzan el rostro de Portago, pero consigue controlar el vehículo.

      Quedan todavía dos vueltas que el español debe cubrir no sin penalidades. Por detrás Moss se ha hecho con la segunda plaza y gana terreno. No obstante, en su afán de alcanzar al líder en los escasos kilómetros que quedan por cubrir, sufre un trompo que le hace perder algo de tiempo y todas las aspiraciones a la victoria. De Portago termina imponiéndose con algo más de un minuto sobre él. Pollet, no exento de problemas tampoco, acaba tercero. A pesar de las heridas Alfonso de Portago no puede estar más satisfecho: su cuarta gran victoria parcial le devuelve el liderato del Tour.

      En el enlace final del día hasta Vichy otra noticia importantísima para el resultado final: Pollet tiene que abandonar. Su mecánica se ha resentido en St Etienne de tal forma que le resulta imposible continuar. No es el único; también Rosier, Trintignant, Caze, y así hasta 26 equipos han tenido que rendirse este día a la dureza Alpina.

      Día 23.- Con la retirada de Pollet, Portago tiene ahora una relativa y confortable ventaja sobre el Mercedes de Moss que ocupa la segunda plaza de la general. Así que dejando aparte su natural fogosidad, durante la última prueba importante en el circuito de Montlhery (125 km) de Portago se dedica a controlar a su máximo rival. Por otro lado todas las mecánicas están ya lo suficientemente resentidas para que nadie esté en condiciones de grandes alardes. Nadie quiere correr riesgos a las puertas mismas de París, ciudad a la que finalmente solo logran llegar 37 de los 103 participantes iniciales. Y es así como el día termina marcando la mayor victoria de Alfonso de Portago como piloto de autos, que lo convierte de paso en el primer español en ganar el Tour de Francia.

      Ferrari bautizaría a partir de entonces con el apelativo “TF” (Tour de France), a la saga de nuevos Ferrari 250GT que saldría al año siguiente de Maranello, como homenaje a la gran hazaña que protagonizó De Portago con su Ferrari en 1956 en tierras galas.


    Texto: Gustavo Morales
    Bibliografía: Histoire du Sport Automobile Forezien 1891-1960 (Tomo 1), de F. Reydellet
    Artículo "Grande de Francia" por R. de la Torre y E. Jimenez - Motor Clásico nº60 - Enero 1993)
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